Por qué creamos OPLEYA
Pasábamos horas buscando eventos sex-positive. Era casi absurdo: conocíamos la riqueza de este universo, pero nos costaba muchísimo saber qué estaba pasando.
Todo estaba ahí, pero disperso.
La información existía, repartida entre las webs de los organizadores, los calendarios de locales que había que conocer de antemano, las redes sociales y algunas agendas especializadas. Unas se centraban en el BDSM, otras en el intercambio de parejas, la música techno o los festivales. Para descubrir una fiesta o un taller, muchas veces había que saber dónde buscar antes de empezar. Y se nos escapaban muchas cosas.
Aquellas categorías nos resultaban demasiado estrechas. En la cultura sex-positive encontrábamos algo más amplio y también más cambiante. Una fiesta puede convertirse en un espacio de descubrimiento. Un taller puede transformar nuestra manera de relacionarnos. Las fronteras habituales entre aprender, jugar, conocer gente y celebrar se vuelven menos claras.
Hay noches para bailar y encontrarse, talleres sobre consentimiento, tacto, movimiento o shibari, conversaciones sobre el deseo y las relaciones, performances y festivales. A veces solo queremos salir de fiesta. Otras veces buscamos comprender algo de nosotros mismos, descubrir una práctica o probar otra forma de conectar. Todas esas razones son legítimas.
Nos importa especialmente el lugar que este universo concede a la libertad individual, al consentimiento y a los límites de los demás. Por supuesto, existen contradicciones y diferencias profundas entre comunidades. Eso también forma parte de su vitalidad.
Una revolución de la mirada.
Creemos que la cultura sex-positive participa en una revolución mucho más profunda que un cambio de costumbres. Una revolución copernicana, en el sentido literal de un cambio de perspectiva.
Con Copérnico, la Tierra deja de ser el centro inmóvil alrededor del cual se organiza el resto del mundo. Encuentra su lugar entre los astros. Ese desplazamiento transforma lo que somos capaces de pensar.
Sentimos algo parecido con la cultura sex-positive. Nuestra relación con el cuerpo, el deseo, el placer, el amor y los vínculos deja de medirse con una sola norma. Podemos explorar otras maneras de conocernos y de convivir. No se trata de sustituir un modelo por otro. Cada persona debe tener espacio para encontrar el suyo.
Durante mucho tiempo, la sexualidad ha servido para establecer jerarquías, controlar cuerpos, fabricar vergüenza y separar a las personas. También puede convertirse en un espacio de emancipación, autoconocimiento y, a veces, comprensión del mundo. Esa posibilidad exige mucho. La libertad sin consentimiento no es más que otra relación de poder. Requiere escucha, criterio y responsabilidad.
No idealizamos este universo. Tiene sus ambigüedades y sus callejones sin salida. Pero encontramos en él una extraordinaria invitación a cuestionar lo que habíamos terminado por considerar natural.
Una herramienta, no un negocio.
Empezamos imaginando la herramienta que nos habría gustado utilizar. Primero, para ahorrarnos aquellas búsquedas interminables. Después pensámos que seguramente también sería útil a otras personas.
Construimos un grafo que conecta eventos, espacios, colectivos y organizadores. Mediante procesos automáticos, localizamos y relacionamos programas públicos cuando las condiciones de acceso lo permiten. Intentamos confirmar las fechas, las ciudades y los enlaces oficiales. Queda mucho trabajo por hacer. Siempre habrá eventos que no encontremos o que no podamos verificar.
Nuestra intención es sencilla: facilitar el descubrimiento sin convertir la intimidad de quienes participan en una mercancía. Recogemos información pública sobre eventos y organizadores. No creamos registros de las prácticas íntimas de los asistentes, no elaboramos perfiles de visitantes ni vendemos datos. Tampoco vendemos entradas. OPLEYA no tiene fines comerciales.
Nos gustaría que alguien pudiera descubrir este mundo sin conocer previamente sus códigos; que un taller pudiera encontrarse sin saber quién lo organiza; que una fiesta llegara más allá del círculo de quienes ya están al tanto.
Y, sencillamente, nos gustaría dedicar menos tiempo a buscar qué ocurre y más tiempo a vivirlo.
Virginie
